El caso de Ron Jon Surf Shop

Instrumentado una estrategia efectiva de promoción en todos los canales disponibles, socios comerciales grandes e interesantes –Master Card por ejemplo- todo eso para dar a conocer una serie de productos frescos, casuales, de gran calidad, parece ser el camino al éxito de lo que empezó siendo solo una redistribuidor de tablas de surf, para terminar siendo la marca de productos más reconocida en ese nicho.

Este caso interesante que para un mercado en donde posiblemente los negocios mas exitosos son tiendas locales, sin una marca fuerte, recomendados de boca en boca. Sin embargo Ron Jon supo capitalizar el conocimiento adquirido como tienda local y exportar la experiencia hacia otros lugares, sin demeritar la originalidad y el servicio. Aunque no es una marca muy fuerte en Internet -parece que su negocio es la venta directamente en sitio: en la playa, en el aeropuerto, etc. – esto no mengua en nada su espíritu joven e innovador, siendo patrocinador de eventos relacionados a sus productos, como deportes extremos, alternativos, turismo ecológico.

Tal vez si algunos negocios locales se animaran a dar el salto, a dar a conocer su producto, a aliarse con distribuidores fuertes, sin ninguna inhibición -siempre esta el miedo a perder identidad cuando se hacen alianzas comerciales- pudieran obtener mejores resultados, y no conformarse con ser solo un buen comercio de manera local.

Podríamos tomar algunos ejemplos, como el de “Los Almendros”, que empezó siendo un muy buen restaurante en Mérida, y que poco a poco ha logrado exportar su marca y su concepto hasta la ciudad de Mexico, sin sacrificar mucho de su sazón original .

Con una comunicación de marca efectiva, con un social networking y manejo de medios tradicionales y alternativos adecuado, es posible hacer llegar al consumidor un mensaje de uniformidad y confianza, inclusive para productos tan casuales y divertidos como los de Ron Jon, y posicionarse como líder de nicho que poco -y mucho- parece fijarse en una marca.

Ética para el desarrollo de los pueblos – comentarios sobre el libro Ética para el desarrollo de los pueblos de Emilio Martínez Navarro

Curiosamente el enfoque holístico de desarrollo, no solo para los pueblos sino para el individuo, parece una definición, un término relativamente nuevo, siendo más bien, resultado de una miopía de muchos años, en donde se equiparaba el crecimiento económico personal –y si se quiere de a una sociedad entera también- con el bienestar, si bien el primero no es más que una plataforma para acceder a la felicidad personal – a la realización o éxito de una sociedad- en donde otros factores intangibles igualmente importantes tienen que estar necesariamente ahí para lograr estos objetivos. La lectura menciona otros factores difíciles de determinar cómo absolutos para todos, y también difíciles de distinguir unos de otros: bienestar, seguridad, libertad, identidad. También menciona que la determinación de un estado feliz, o exitoso es completamente relativa para cada individuo o sociedad.

Otro aspecto que aborda la lectura es la dificultad de diferenciar entre una necesidad y un deseo, los cuales se deben de cumplimentar para lograr un estado de felicidad individual y colectiva, llevándonos al siguiente cuestionamiento: ¿hasta donde está obligado un Estado, o una institución a cumplir con las necesidades y / o deseos de su población o mercado? Una buena aproximación para distinguir cuales son las necesidades fundamentales de todo ser humano, y que deben de ser cubiertas pudieran ser los Derechos Humanos. Estos principios, aunque consensuados mundialmente, no dejan de tener cierta lógica moral occidental, en donde la libertad y la individualización predomina sobre la colectivización, por ejemplo ¿por qué no haber pensado en Derechos Sociales, o bien Derechos Estatales?

En lo que si converge la lectura es en la necesidad de plantear la idea de desarrollo desde un enfoque integral, no ajeno a la esfera económica del individuo o de la sociedad, pero no como un todo. Es necesario también que para un despliegue de todas las capacidades del ser humano en lo individual o de la sociedad en lo colectivo, se tome en cuenta la viabilidad de los términos de felicidad que actualmente imperan, y replantearlos de manera que sean perdurables –sostenibles- para las generaciones futuras que demandaran las mismas o mas condiciones para su realización.

A medida que la evolución de la sociedad va tomando en cuenta nuevos elementos para su desarrollo –hace dos años nadie hablaba del derecho “humano” a la información o al internet- también podemos darnos cuenta que hay gente que está quedando fuera de esta dinámica, cuyas necesidades no han podido ser resueltas, y que carecen ya sea de la plataforma económica desde la cual orientar sus deseos y conseguir la felicidad debido a la inequidad en la repartición de la riqueza económica, o bien, aunque esta plataforma económica este presente, el individuo se enfrenta a una sociedad maldesarrollada, en donde no hay ningún estímulo por el cual superarse y poder alcanzar el pleno uso de las facultades inherentes al género humano. Ambos escenarios deben de ser resueltos, engendrando una sociedad que pueda tener respuesta tanto a las carencias básicas, como a los deseos de sus individuos, equilibrando la intromisión en la esfera pública y privada del estado y de las instituciones.